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Pocos artistas han sido capaces de representar visualmente la noción de silencio como el lorenés Georges de La Tour (1593-1652). El pintor francés, de gran éxito en su época, fue luego olvidado hasta el siglo XX, pero desde entonces ha disfrutado de una merecida recuperación.

Apenas se conservan unos cuarenta cuatros originales de su mano, bastante diseminados por museos de todo el mundo. Buena parte de ellos se pueden ver, reunidos hasta el 12 de junio, en la extraordinaria exposición que le dedica el Museo del Prado. Un acontecimiento histórico que permite disfrutar en conjunto de una de las obras pictóricas más personales de la época barroca.

El Barroquista propone siete obras maestras del genio fránces, para ir abriendo boca.

 

7. San Jerónimo leyendo una carta (Museo del Prado, Madrid)

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¿Qué representa?
La tela representa a San Jerónimo, uno de los santos más reivindicados por la Iglesia de la Contrarreforma como autor de la traducción de la Biblia al latín. Por la trascendencia de ese trabajo de traductor, la representación de Jerónimo en su estudio fue una de las iconografías más exitosas en el mundo católico.

¿Qué tiene de especial?
La imagen de San Jerónimo como anciano erudito fue especialmente aprovechada por los artistas del Barroco para representar al santo en una silenciosa intimidad. Se buscaba representar a este personaje histórico tan relevante con la mayor cercanía -un concepto que fue excepcionalmente explotado por Rembrandt-. La Tour aprovecha un pequeño momento en que el personaje se detiene a examinar el texto de una carta, consiguiendo una composición a la vez serena, solemne y silenciosa, pero llena de espontaneidad en su apariencia cotidiana. Puro barroco.

 

6. El tramposo del as de diamantes (Museo del Louvre, París)

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¿Qué representa?
Una escena cotidiana, de esas que tanto gustaban al espectador barroco, en la cual asistimos a un juego de naipes en el que uno de los jugadores está haciendo trampas.

¿Qué tiene de especial?
Como si de un argumento de Hitchcock  se tratase, los personajes que están siendo engañados parecen ignorar los trucos del tramposo. Por tanto, el espectador del cuadro tiene información privilegiada, asiste a un momento de tensión que le permite interpretar la composición. Además del tramposo, las dos mujeres parecen estar tramando algo (o bien la sirvienta está indicando a la dama que uno de los hombres hace trampas). Un juego de miradas e intenciones alrededor de una mesa que sería digno de una película de Tarantino. Por eso gustaba tanto en época barroca y por eso sigue gustando tanto hoy en día.

 

5. Ciego tocando la zanfonía (Museo del Prado, Madrid)

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¿Qué representa?
Un ciego toca la zanfoña en público para ganarse el sustento. Este instrumento se asociaba antiguamente de manera especial los invidentes, que aprendían a tocarlo para acompañar sus romances. La Tour reproduce en su pintura una escena corriente en ciudades, villas y pueblos de la época.

¿Qué tiene de especial?
Como explica el catálogo del Museo del Prado, a pesar de ser una representación de una persona de baja condición, el artista lo retrata con gran dignidad, nobleza y monumentalidad. Parece tratar al personaje con cierto afecto o, por lo menos, con respeto. La iluminación dirigida, casi teatral, consigue individualizar la figura con todos sus detalles. Una de las grandes joyas [no tan conocidas] del Museo madrileño.

 

4. San José carpintero (Museo del Louvre, París)

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¿Qué representa?
El niño Jesús sostiene una vela que sirve para iluminar el trabajo en la carpintería de su padre, mientras San José perfora una viga de madera. De nuevo una escena privada, íntima y cotidiana de dos figuras centrales de la Iglesia.

¿Qué tiene de especial?
La Tour sigue a los tenebristas de Utrecht, especialmente a Gerard van Honthorst, al introducir toda la luz de la composición a partir de una pequeña fuente: una vela. Este artificio da unos resultados estéticos extraordinarios, al modelar de manera muy abrupta y dramática las figuras, rodeadas por la penumbra. El trabajo con las sombras que proyecta la pequeña llama es exquisito, subrayando esa tensión dramática. Porque, aunque parezca una escena privada sin más complicaciones, hay mucho drama: el padre está perforando un madero que es idéntico en forma al que van a usar años después para clavar a su hijo. Cualquier creyente identificaría esa paradoja, añadiendo emoción a la composición.

 

3. San Sebastián cuidado por Santa Irene (Gemäldegalerie, Berlín)

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¿Qué representa?
El cadáver de San Sebastián, uno de los más antiguos mártires de la Iglesia, es atendido por la viuda Irene. Este santo era muy venerado, pues se le consideraba protector contra las epidemias, un mal frecuente en el siglo XVII. La historia de San Sebastián y Santa Irene que se pinta aquí procede de una leyenda medieval. Tuvo tanto éxito que La Tour pintó varias versiones de la misma composición.

¿Qué tiene de especial?
Como en el cuadro anterior, teatralidad y drama silencioso. Ahora es una antorcha en lugar de una vela el punto de luz. Si antes teníamos una premonición de la Crucifixión, ahora vemos a Santa Irene atendiendo con piedad el cuerpo del mártir, sin saber que ella misma será martirizada tiempo después. La pintura de La Tour se vuelve cada vez más geométrica, algo que llama la atención en las telas y en los rostros casi esquemáticos. La luz resbala por superficies prácticamente pulidas que la reflejan, como si la luz de la antorcha tuviese un eco en la piel incandescente de las figuras.

 

2. La buenaventura (The Metropolitan Museum of Art, NY)

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¿Qué representa?
Un muchacho joven es engañado por un grupo de cuatro mujeres de diferentes edades. Aprovechando que una anciana se ofrece a leerle la buena ventura, las demás despluman al incauto. Una alegoría moral muy típica del Barroco. Hay que andarse con ojo…

¿Qué tiene de especial?
Como en el juego de naipes, el espectador del cuadro sabe cosas que el protagonista del mismo ignora. Una manera muy efectiva de introducir una escena anecdótica para crear impacto y tensión con ella, haciendo un guiño de complicidad a quien mira el cuadro. Porque, si asistes a un robo, eres cómplice del mismo. El detallismo en la representación de las cinco figuras, especialmente sus vestimentas, convierte esta pieza en una de las grandes obras maestras de la pintura barroca francesa. Un espectáculo para los sentidos.

 

1. El recién nacido (Museo de Bellas Artes, Rennes)

The New-born, by Georges de La Tour

¿Qué representa?
Una mujer joven, con su recién nacido en brazos, acompañada por otra mujer, mayor, que sostiene una vela, dirigiendo la luz hacia el bebé. No puede haber más sencillez, intimidad y afecto. La escena es tan sagrada que muchos piensan que representa a María, el Niño Jesús y Santa Ana. Pero no hay ningún elemento que haga pensar que se trata de una escena religiosa. Esa es una de las muchas grandezas del cuadro.

¿Qué tiene de especial?
El silencio, reposado, conseguido nuevamente con la luz de una vela. En esta ocasión la vela está cubierta, de manera que el espectador sólo ve la luz de manera indirecta, orientada hacia la cabeza del recién nacido. Las tres figuras se define con volúmenes limpios, casi geométricos, que reducen la escena a la mínima expresión. La menor cantidad de elementos empleados para conseguir conectar con el espectador. Una verdadera joya del Barroco que coloca a La Tour al nivel de los más grandes.

 


 

Fuentes del artículo
A.Blunt, Arte y arquitectura en Francia 1500-1700, Cátedra, Madrid, 1998.
Museo del Prado (catálogo online y web de la exposición)
Wikipedia

[Todas las imágenes proceden de Wikipedia]