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Es uno de los inicios más célebres y efectivos de toda la historia de la literatura universal. Como ocurre con muchas otras obras maestras de las letras, la primera frase del Quijote es popularmente reconocida por millones de personas, incluso por aquellas que nunca han leído la genial novela de Cervantes. Han corrido ríos de tinta sobre cómo se debe interpretar esa mágica frase, existiendo incluso una larguísima disputa entre localidades manchegas que reclaman ser aquel famoso “lugar” anónimo. Incluso se han hecho investigaciones para determinar a qué velocidad caminaba el asno de Sancho para poder saber de qué localidad había partido Don Quijote…

Más allá de todas estas lecturas, hay un hecho interesante que solemos pasar por alto, y es que la mayoría de los lectores actuales no interpretamos correctamente el significado de la frase. Pensando desde un punto de vista coloquial, cuando leemos “En un lugar de la Mancha” tendemos a interpretarlo en nuestra mente como “En un sitio de la Mancha”. En realidad, lo que escribe Cervantes se parecería más a:

“En una aldea de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…”

Específicamente, se trata de una referencia a un tipo concreto de población (pueblo, aldea, lugar…), pues el autor utiliza la acepción de “lugar” con el significado de “Población pequeña, menor que villa y mayor que aldea”.

El hecho de no querer acordarse del nombre del lugar tampoco es casual. Cervantes, uno de los escritores más precisos de la historia de la literatura, quiere jugar de forma deliberada con esa ambigüedad. De igual forma que no nos revela en toda la novela el verdadero nombre de Don Quijote, tampoco da el topónimo manchego donde se situaría la procedencia del protagonista.

Por último, aunque para nosotros ese inicio supone desde hace cuatro siglos un solemne clásico de la literatura, en su momento fue toda una revolución, parodiando de forma ácida las noveles de caballerías. En esas historias, la acción siempre se desarrollaba en tierras lejanas y exóticas (Persia, Constantinopla, Trebisonda…), que excitaban la imaginación del lector. Cervantes, sin embargo, sitúa el relato en un territorio nada imaginario: La Mancha. La mera idea de trasladar sucesos caballerescos desde la Persia oriental a la cercana llanura manchega era el pie cómico perfecto para que los lectores del Quijote comenzasen a disfrutar de las absurdas situaciones que Cervantes iba a plantear en la novela.


 

Fuentes
Martín de Riquer, Para leer a Cervantes, 2003.

Imagen de encabezamiento
Inicio del Quijote en la edición de 1605 [fuente]