Etiquetas

, , , , , , , , , , , ,

Schiaparelli_Hemisphere_Enhanced

Marte está de moda.

Aunque nunca lo hemos pisado, los terrícolas hemos llegado a sentir al planeta rojo tan cercano que empieza a convertirse en escenario habitual de los dramas humanos narrados en el cine. Si en el siglo XVII las creaciones de ficción se localizaban en Elsinore o Fuenteovejuna, en nuestro siglo XXI las dramatis personæ ya se esparcen por el Cosmos, teniendo a nuestro planeta vecino como escenario preferente. Quizás la capacidad de nuestra especie para enviar todo tipo de cachivaches al desierto marciano tenga algo de culpa en que, por fin, hayamos incluido a nuestro planeta vecino entre los paisajes de nuestra especie.

La relación Tierra-Marte le debe mucho a la época barroca. Aunque desde la Antigüedad ya hubo hombres interesados en aquel puntito brillante, las observaciones sistemáticas de Marte empezaron durante la Revolución Científica, en la frontera entre el humanismo renacentista y la explosión investigadora del Barroco.

Galilee

Galileo, por Ottavio Leoni

Como tantos aspectos de la ciencia, el conocimiento marciano está en deuda con Galileo, que en septiembre de 1610 hizo la primera observación con telescopio del planeta rojo. Otros ilustres pioneros como Tycho Brahe y Kepler habían trabajado sobre la órbita y el movimiento de Marte y el resto de planetas de nuestro sistema, pero la observación directa de Galileo marcó un hito en lo que, desde ese momento, ya podía llamarse “exploración espacial”. La limitación del instrumento no permitió a Galileo hacer grandes descubrimientos, pero el simple hecho de que dedicase meses de observaciones a nuestro planeta vecino ya significaba que algo nuevo estaba ocurriendo.

Hevelius, por Daniel Schultz

Hevelius, por Daniel Schultz

A mediados de siglo se sucedieron algunos avances prometedores. En 1645 el astrónomo polaco Johannes Hevelius, padre de la topografía lunar y uno de los primeros en estudiar sistemáticamente el Sistema Solar, logró divisar fases en el planeta rojo. Un año antes el jesuita Daniello Bartoli había apreciado patrones oscuros sobre su superficie. Esas áreas oscuras en la corteza del planeta fueron confirmadas por Giovanni Battista Riccioli y Francesco Maria Grimaldi en sus observaciones de 1651, 1653 y 1655, aprovechando los momentos de máxima proximidad entre Marte y la Tierra. Aquella pequeña bola empezaba a desvelar sus primeros detalles.

Primer mapa de Marte, Christiaan Huygens (1659)

Primer mapa de Marte, Christiaan Huygens (1659)

El gran Huygens, científico que goza de gran devoción aquí en El Barroquista, fue el responsable de dar un gran salto hacia el futuro del conocimiento marciano. Sus avances técnicos le permitieron diseñar los primeros grandes telescopios, con los que fue capaz de ver muchas cosas que Galileo no había podido observar: entre esas cosas, además de los anillos de Saturno, estaba la superficie de Marte. Así, en 1659 pudo examinar con detalle las áreas oscuras del planeta y dibujarlas, convirtiéndose en el primer ser humano en dibujar un mapa de un accidente geográfico en un planeta que no fuese la Tierra: la meseta Syrtis Major.

Como Huygens era un verdadero genio, no se “conformó” con estas observaciones: descubrió los casquetes polares de Marte y calculó con asombrosa precisión la duración de la rotación del planeta y su tamaño. A muchos les han dado un Nobel por mucho menos, pero en aquel entonces los premios científicos no existían. Según dónde vivieses, podías dar gracias si te librabas de la Inquisición…

Giovanni Domenico Cassini

Giovanni Domenico Cassini

La guinda al trabajo de Huygens la puso el ligur Giovanni Cassini, otro gigante de la astronomía en una época de titanes. Cassini pulió los datos de las observaciones de Huygens en 1666, midiendo con más precisión el período de revolución de Marte y confirmando los casquetes polares observados por su colega, además de descubrir las diferentes estaciones del planeta. Sus trabajos gustaron tanto a Luis XIV que lo nombró en 1671 director del Observatorio de París, cargo que ocuparía el resto de su vida. Con esta nueva infraestructura, ayudándose también por el avance global del conocimiento, Cassini se sirvió del planeta rojo para su gran logro científico: midió por triangulación la distancia de la Tierra a Marte desde París y comparó por paralaje sus datos con las mediciones del astrónomo Jean Richer, tomadas en Cayena. Esta medición fue clave no sólo para conocer a qué distancia está Marte, puesto que a partir de ella, Cassini pudo determinar el tamaño del Sistema Solar. La medida que calculó resultó ser sólo un 7% menor del valor real, comprobado posteriormente con aparatos científicos modernos. Eso no hay Premio Nobel que lo pague.

 

Con el transcurso de los siglos (y las progresivas mejoras en el aparataje) Marte ha dejado de ser simplemente un punto brillante en el cielo. Hoy conocemos su geografía y gran cantidad de datos sobre su naturaleza, podemos enviar al primo de Wall-E a darse una vuelta e, incluso, dejarnos olvidado a Matt Damon en su superficie. Pero los primeros peldaños de esta larga escalera que nos conecta con el planeta rojo los pusieron unos señores muy barrocos que, con largas pelucas y cortos telescopios, movidos por el conocimiento puro, se asomaron por primera vez a nuestro planeta vecino y nos contaron lo que había allí.

 

– Todas las imágenes proceden de Wikipedia –