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El primer interés consistente por estudiar a músicos del pasado surge en el siglo XIX. Por eso el “gran público” conoce a muchos compositores del XIX pero muy pocos de los siglos anteriores. Cualquiera con un mínimo de cultura general reconoce los nombres de Beethoven, Brahms, Chaikovski, Schubert, Strauss, Mendelssohn, Chopin, Verdi, Wagner o Mahler, aunque no les haya escuchado. Pero incluso entre aficionados a la llamada música clásica hay muchos que nunca han oído música de Caldara, Porpora o Telemann.

Todavía se considera en muchos auditorios como “música antigua” a la mayor parte de los músicos anteriores a Johann Sebastian Bach (1685-1750). Los pocos compositores barrocos realmente famosos lo han sido porque algunas de sus obras nunca dejaron de interpretarse (Händel) o por ser considerados una gloria nacional en sus países de origen (Purcell o Lully). Otros muchos sólo han sido descubiertos en las últimas décadas, como Vivaldi o Monteverdi.

Y si esto ocurre con grandes genios como Telemann o Monteverdi…

El Barroquista propone una pequeña lista de 7 grandes compositores barrocos que son mucho menos conocidos de lo que merecerían. Un recorrido sonoro por algunos de los nombres injustamente olvidados en las salas de conciertos.

 

7. Georg Muffat (1653 – 1704)

Georg_Muffat

¿Quién era?
Muffat fue un compositor alemán nacido francés. Viajó mucho por toda Europa: París, Praga, Salzburgo, Viena, Roma… Se cree que estudió en París con Lully, aunque no se da por seguro, y también que debió tener contacto con Corelli en Roma. Son muy valiosos los prefacios de sus publicaciones, porque en ellos hace indicaciones de cómo se tocaba la música en el Barroco.

¿Por qué merece la pena escuchar su música?
Compuso música instrumental al mejor nivel de su tiempo. Además, fue uno de los primeros compositores barrocos que dominó los diferentes modos nacionales, siendo el primero en introducir los estilos francés e italiano en Alemania. Esa influencia sería capital para músicos de las generaciones siguientes como Händel o Bach. Su Armonico tributo (1682) es una de las mejores colecciones de música para conjunto instrumental publicada en todo el siglo XVII.

¿Y por qué no es más famoso?
Ser casi un apátrida (nacido en Saboya, de ascendencia escocesa) no es bueno para la fortuna crítica de un compositor barroco, porque significa que ningún país te reclama como gloria nacional. Que su hijo, Gottlieb, fuese también un prominente compositor seguramente no ayudó, porque en las estirpes de músicos se tiende a olvidar a los padres cuando sus hijos están más a la moda, como ocurrió con el mismísimo Johann Sebastian.

No te pierdas…
… el Armónico Tributo, para empezar. Ha sido lo más grabado de su producción y es relativamente fácil de encontrar. Para seguir, sus suites para cuerdas publicadas bajo el título de Florilegium primum & secundum (1695). Y si te gusta la música para órgano, no dejes de disfrutar su Apparatus musico-organisticus (1690). Hay que reconocer que tenía talento para poner títulos a sus publicaciones.

 

6. Pietro Locatelli (1695 – 1764)

Locatelli

¿Quién era?
Nació en Bérgamo pero su talento precoz era tan grande que fue enviado a Roma para aprender más sobre el violín. Se discute si en la ciudad papal tomó contacto con Corelli, cuya influencia es innegable en la técnica violinística que se aprecia en sus obras. Tras un paso por la corte de Mantua se instaló de manera más estable en Amsterdam, aunque dando giras de conciertos por diferentes lugares de Europa como el gran virtuoso de su tiempo.

¿Por qué merece la pena escuchar su música?
Locatelli es al siglo XVII lo que Paganini va a ser al siglo XVIII y XIX. Es decir, el gran virtuoso por antonomasia de la época anterior a la invención del piano. Sus endiabladas partituras para violín solista fueron cruciales para que la técnica del instrumento avanzase hacia el futuro. Su estilo evolucionó desde el corelliano de sus primeros años hasta una calidad de composición pareja a la de Vivaldi.

¿Y por qué no es más famoso?
En realidad, ningún virtuoso del violín barroco gozó de mucha fama hasta que, en las últimas décadas, se recuperó la figura de Antonio Vivaldi por la popularización extrema de sus Quattro Stagioni. Ni Corelli, ni Veracini, ni Tartini han sido muy populares fuera del mundillo de los violinistas. Seguramente esto ha ocurrido porque la técnica del instrumento ha evolucionado permanentemente, pasando de moda rápidamente el estilo de los virtuosos del pasado.

No te pierdas…
… los conciertos para violín y orquesta publicados en 1733 en Amsterdam bajo el sugerente título de L’arte del violino. Como parte de la obra se incluyen sus 24 Caprichos para violín solo, que pueden hacer que se te desencaje la mandíbula.

 

5. André Campra (1660 – 1744)

Campra

¿Quién era?
Campra fue el gran renovador de la ópera francesa, una figura a medio camino entre Lully y Rameau. Creó un nuevo género, la ópera-ballet, con su obra L’Europe galante de 1689. Antes de dedicarse a la ópera había sido maître de musique de Notre-Dame de París y volvería al campo de la música religiosa en sus últimos años. Murió en Versalles con 84 años.

¿Por qué merece la pena escuchar su música?
Porque es uno de esos escasos ejemplos en que un compositor barroco brilla en prácticamente todos los géneros. Una especie de Händel a la francesa. Haber tenido trayectorias profesionales en la Corte y en la Iglesia le obligó a producir en ambos géneros. ¡Qué suerte hemos tenido!

¿Y por qué no es más famoso?
Precisamente por haber sido una figura puente entre la época del gran Lully y la del prestigioso Rameau, se ha quedado un poco en tierra de nadie. Por otro lado, los compositores barrocos franceses no han gozado, en general, de la misma difusión global que los alemanes, muy beneficiados en conjunto por el prestigio y fama de Johann Sebastian Bach. El reciente resurgir de la música barroca francesa, gracias a grupos como Les Arts Florissants, Le Poème Harmonique y Les Talens Lyriques, no le ha cogido con tanta fuerza como a otros compositores. Representar ópera barroca no es barato y, ya puestos a hacerlo, se suele preferir montar obras de Rameau o Lully.

No te pierdas…
… sobre todo su música sacra. Los motetes que compuso para la Capilla Real de Versalles son una joya. Y su Requiem es una de las grandes obras maestras del género. Ha sido muy grabado, así que es fácil de encontrar. Si es en la versión de John Eliot Gardiner, prepárate para alucinar con el Monteverdi Choir. Sus óperas son excelentes pero, como queda dicho, se interpretan poco.

 

4. Heinrich Ignaz Franz von Biber (1644 – 1704)

Heinrich_Biber

¿Quién era?
Biber fue un extraordinario violinista y compositor bohemio, nacido en lo que hoy es República Checa. Fue maestro de capilla en Salzburgo durante dos décadas, convirtiéndose en uno de los compositores más prestigiosos de la Europa de fin del siglo XVII.

¿Por qué merece la pena escuchar su música?
Simple: porque es un constante asombro. Fue uno de esos compositores con prestigio y consciente de su calidad musical. Esto se transluce en obras donde luce todo su ingenio y capacidad creativa, además de incluir esos mensajes ocultos que tanto gustan al público. No da descanso al oído. Además, su música para violín solista es de conocimiento obligado para todo amante del Barroco, llevando al instrumento al límite de su expresividad.

¿Y por qué no es más famoso?
En general, casi todos los músicos que ocuparon cargos como maestros de capilla cayeron en cierta desgracia crítica en el siglo XIX, para ensalzar a aquellos que iban “por libre” como Mozart o Beethoven. Excepto Bach, se vio en muchos de esos compositores eclesiásticos un cierto perfil bajo, funcionarial, que es totalmente injusto a juzgar por el inmenso talento de muchos de ellos. A mayores de esto, como ocurría con Muffat, el haber nacido en una patria que hoy no existe como tal tampoco ayuda. Quién sabe: quizás si un día Bohemia se independiza de Moravia y Silesia, tengan en Biber a su propio Bach. De todos modos, es justo reconocer que Biber ha sido más reivindicado que otros compositores de esta misma lista, aunque no lo suficiente.

No te pierdas…
… las Rosenkranzsonaten, por supuesto. Son 15 sonatas para violín solista acompañado de continuo, conocidas en inglés como Mistery Sonatas. Cada una de ellas está dedicada a uno de los misterios del Rosario e intenta representar con música la emotividad de cada uno de ellos. Todo un reto. Para conseguirlo, Biber plantea todo tipo de diabluras, incluyendo scordatura e, incluso, cambiar de posición las cuerdas centrales para tocar la sonata dedicada a la Resurrección. También es interesante su Harmonia Artificiosa-Ariosa (1696) y se le suele atribuir la colosal Missa Salisburgensis para 53 voces, aunque su autoría no está confirmada.

 

3. Giacomo Carissimi (1605 – 1674)

Giacomo_Carissimi

¿Quién era?
Carissimi nació cerca de Roma y siempre estuvo vinculado a la capital papal. Fue maestro de capilla en Asís antes de ocupar el mismo puesto en San Apolinar, perteneciente al Collegium Germanicum en Roma. El Collegium era célebre a principios del XVII por ser un lugar de referencia en lo musical: no hacía mucho que el gran Tomás Luis de Victoria había trabajado allí. Demostrando una sorprendente falta de ambición, Carissimi nunca dejaría este cargo, a pesar de ser invitado a suceder a Claudio Monteverdi como maestro de San Marcos de Venecia. El mero hecho de que le ofreciesen el cargo veneciano, uno de los más deseados y prestigiosos de la Europa barroca, nos da una idea de la dimensión de su arte. Y que rechazase el ofrecimiento da una idea del status de que debía gozar en Roma. Sabemos que con Carissimi en pleno ejercicio los cardenales y embajadores en Roma iban a los oficios a San Apolinar a causa de la extrema calidad de la música que allí podían escuchar.

¿Por qué merece la pena escuchar su música?
Es el gran padre de la cantata y del oratorio, dos de los géneros más importantes de todo el Barroco musical. Además fue el primero en darse cuenta de la importancia expresiva que podía tener un uso inteligente del coro en este tipo de piezas narrativas. Introdujo el acompañamiento instrumental en la música litúrgica. Su estilo es la continuación lógica del arte de Monteverdi. Y si Monteverdi era lo bueno que era…

¿Y por qué no es más famoso?
Sólo podemos hacernos una idea de lo grande que fue Carissimi. Nunca publicó sus obras en vida y toda su música manuscrita fue destruida tras la disolución de los jesuitas en 1773. Lo que conocemos son estrictamente las pocas obras suyas que fueron impresas a partir de algunas copias hechas por sus discípulos. Obviamente, esto ha sido letal para el conocimiento de su obra, pues la hemos perdido casi toda. En segundo lugar, la música que se ha conservado es litúrgica, habiéndose perdido su abundante obra profana. Sobre todo conocemos sus oratorios en latín, lo que quizá sea un poco duro para el oyente de hoy. En tercer lugar, fue ordenado sacerdote y ya se sabe que los compositores-clérigos no se cuentan, por lo general, entre los más populares (véase la tardía recuperación de Vivaldi). Además, sabemos muy poco de su vida y eso significa pocas anécdotas jugosas con las que enganchar al aficionado. Por último, su música es un poco arcaica, propia de su tiempo y, por ello, algo más difícil de escuchar que la de los compositores del final del Barroco. No debe ser casual que los compositores barrocos más populares para el oyente de hoy (Bach, Händel, Vivaldi) sean todos ellos figuras del último Barroco.

No te pierdas…
… su oratorio Jephte. Si nunca has escuchado la sección final de este oratorio, especialmente el coro “Plorate filii Israel”, no sabes lo que te estás perdiendo. Aquí tienes dos oportunidades, pero puedes disfrutar también de la reciente y escalofriante versión de La Nuova Musica de David Bates en su web como parte del reciente disco Sacrifices. Carissimi está pidiendo a gritos un revival como el de Monteverdi en las últimas décadas.

 

2. Dieterich Buxtehude (1637 – 1707)

Buxtehude

¿Quién era?
Buxtehude nació probablemente en Helsinborg, hoy Suecia, justo enfrente de Elsinor, Dinamarca. Él mismo se reconocía como danés. Hijo de organista, durante la mayor parte de su carrera se ocupó del órgano en diferentes iglesias: Helsinborg, Elsinor y, finalmente, en la Marienkirche de Lübeck, prestigioso cargo que disfrutó durante casi toda su vida. Se le consideró en vida como el mejor organista de Europa y todos los compositores acudían a verle como quien va a ver a los Rolling Stones.

¿Por qué merece la pena escuchar su música?
Johann Sebastian Bach anduvo 350 kilómetros a pie desde Arnstadt para escucharle tocar. Con eso está todo dicho.

¿Y por qué no es más famoso?
Otro “apátrida” como Muffat y Biber. Además fue autor principalmente de música sacra y muchas obras en alemán, limitando su difusión discográfica. En realidad, su música para órgano es muy conocida e interpretada por los organistas de todo el mundo, pero tampoco hablamos de un instrumento que el gran público pueda escuchar con frecuencia. Buxtehude es conocido por los amantes de la música barroca, pero lo grave es que hablamos de un compositor de igual o superior talla a cualquiera de sus coetáneos y que, sin embargo, no recibe el mismo reconocimiento. Por lo menos en Alemania y Holanda, donde todas las salas de conciertos importantes tienen un órgano y programan música para este instrumento, sí goza del status que merece.

No te pierdas…
… los Membra Jesu Nostri, el primer oratorio luterano. Esta obra maestra permite entender que la música de Bach no brotó directamente de la nada. Toda su música coral es de un nivel sobresaliente. Si te gusta la música de órgano, no deberías perderte nada de la producción de Buxtehude para este instrumento. Aunque pensándolo bien, si te gusta la música para órgano seguramente ya conoces a Buxtehude perfectamente.

 

1. Jan Dismas Zelenka (1679 – 1745)

Zelenka

¿Quién era?
Zelenka nació muy cerca de Praga y murió en Dresde. Entre sus maestros se puede citar a Johann Joseph Fux, Antonio Lotti y Alessandro Scarlatti. Lo que aprendió de ellos, sin duda, le aprovechó mucho. Desde 1719 fijó su residencia en la corte de Augusto el Fuerte en Dresde hasta su muerte. Sería vicemaestro de capilla, como ayudante de Heinichen, a quien sucedería a su muerte.

¿Por qué merece la pena escuchar su música?
Porque es lo más parecido a Johann Sebastian Bach pero sin ser Johann Sebastian Bach. Sabemos que el genio de Eisenach consideraba a Zelenka uno de los grandes músicos de su tiempo y que se mantenía informado de sus composiciones. Incluso recomendaba su obra a sus hijos como fuente de aprendizaje. Fue un virtuoso de la armonía y el contrapunto. En sus composiciones se puede apreciar una solidez y una capacidad inventiva pareja a la de Bach, introduciendo además giros y melodías de la música tradicional checa.

¿Y por qué no es más famoso?
Le ocurrió lo mismo que a Bach: durante el XVIII final se le consideraba un ejemplo de músico anticuado y su obra durmió el sueño de los justos. La diferencia es que Bach fue resucitado con todos los honores para encarnar el más profundo espíritu alemán, mientras que no sabemos si Zelenka encarna el espíritu checo… pero nadie se acordó de él. El caso es que, a día de hoy, incluso gente que se considera amante de la “música clásica” no conoce su nombre. Que sepamos tan poco de su vida y ni siquiera podamos ponerle rostro también ha ayudado, seguramente, a hacer pasar casi desapercibido a uno de los tres o cuatro mejores compositores de todo el Barroco. El hecho de haber sido músico de corte en Dresde, donde también estaban otros grandes como el citado Heinichen, Veracini o Weiss es posible que contribuyese a ensombrecerle en vida.

No te pierdas…
… nada de su producción. Cualquier cosa que puedas escuchar de Zelenka va a merecer la pena. Por lo pronto, aquí quedan cuatro píldoras.

 

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Fuente para las biografías:
Diccionario Akal / Grove de la Música